Siempre que me besan pongo la otra mejilla.
No quiero decir nada con ésto.
Un paraíso de vinilo.
No queda nada más.
Queda una isla con mariposas.
Fue estúpido.
Pensar que se es humilde convicto.
Ser libre es lo primero.
Después las consecuencias.
Lo que pasó ha sido tan increíble que se perdonó sin más.
Es deprimente entender todo.
Porque toda fresa silvestre es laxante.
Como los chicles que te metes con rabia.
Mis ojos son de color.
Bañada en lluvia hasta emborracharme.
De muerte y exilio.
Soy un ejemplo de felicidad.
Quince minutos de fama para el enfermo de malaria.
Si hay amor ilegítimo exijo rebobinar.
Tened cuidado con los novios gays, os cogen la manera.
La fiebre me dio un concierto.
Lo llaman ruedo ibérico, colapsé mis cuernos contra el cabezal.
Ríanse cuando tenga razón, porque el final es trágico.
Todavía quedan hombres a quienes sorprende el pene.
Véanme hundirme hasta el perineo (puedo).
Pudo ser, qué puedo hacer.
Lo que me queda es desarrollar autismo.
La matanza es típica colgando lentejuelas.
No sé a qué viene, no sé.
Soy un poco chinita para las críticas.
Queda demasiado tiempo en que gastar el dinero.
Nunca llegará la revolución.
Los jueces sufren taquicardias cuando salen del armario.
Escucho más música que versiones.
Me acomplejó su excusa inspirada, ni en sueños imaginé acercarme tanto.
A todo dios.
Les diría que probasen más aspirinas.
Mi ausencia me da quebraderos de cabeza.
Me desahogué.
Amo a mi portentoso unicornio.
Me curó el culo.
Ya no tengo bebés.
Lo han dejado (y todo sigue adelante).
Debo celebrar el amor.
Calculo que no tengo corazón.
¡Y lo siento mucho!
Iba a ser yo, pero me confundieron con otra.
Decembro 28, 2010 por ameaza