No lo conocía hasta la primera vez
que me pareció él. Lo he descubierto.
Ahora mismo me agarraría a cualquiera que
no me tuviese entre sus planes.
Fui tonta al pensarlo, ahora no podré
desprenderme de un pensamiento que era sólo mío.
Él no era para mí y, desde luego, yo no era suya.
¿Son todos iguales?
Quizá porque ellas desean al mismo.
La lucha de la mujer ha sido el hombre,
si éste fuese mi última esperanza
y mis enemigos son hoy mis enemigos,
no tendría la oportunidad de notar la diferencia
aunque me he visto en situaciones parecidas,
por no decir que siempre es igual y en absoluto algo mío.